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Elvira Smeke en Musas Museo de Arte de Sonora

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Las musas y su evanescencia, la nada convertida en espacio y tiempo es lo
que todos deseamos poseer. Inspiración representada, ellas simbolizan
todo lo que se ve en una superficie, al tiempo que nos adentran en los
pliegues del misterio. Son eso que está y eso que no está. Presencia-
ausencia.

Yo soy antes, Yo soy casi, Yo soy nunca… voz que se conjuga en
contradicción buscando afirmarse. Afirmación que juega con la negación
para hacerse presente en la ambigüedad. Invocación del poder, musas
atrapadas entre hilos, bordados, imágenes que apenas aparecen, rituales
que enlazan los silencios, palabras que se deslizan en la parte más
delicada de la naturaleza, frágilidad que se deja manipular para mostrar
su resistencia. ¿Hasta dónde durará su presencia?, ¿eso importa?.
Trascender es algo que dejó de importar hace tiempo, solo el momento.
Un cuerpo sin vida que va meciéndose en el aire hasta posarse en el suelo,
ser encontrado y elegido, hoja que Elvira Smeke toma como soporte de su
obra. Inicio de una historia: Yo soy antes, Yo soy casi, Yo soy nunca…
En su trabajo, la artista Elvira Smeke busca un equilibrio entre dos
derivados de la palabra origen; uno, lo original como propuesta artística,
lo distinto, lo que no se parece a nada; el otro, lo original como
recuperación de la entidad primigenia. Intento de adecuación entre la
idea, lo femenino como una unidad con la imagen y sus posibles y
múltiples representaciones.

Formada como historiadora del arte, la artista ha desarrollado la
capacidad crítica para elegir los temas que la inquietan y la ingente
necesidad de profundizarlos con sensibilidad y agudeza, intentando una
teoría del conocimiento. La fotografía, disciplina que ha explorado
durante muchos años, le permite apuntar en ángulos precisos, enfocar
acciones y situaciones que a través de la lente pueden ser amplificadas y
observadas con acuciosidad. Sus acercamientos visuales llevan a
remarcar ciertos momentos emocionales que obligan a involucrarnos, no

solo como espectadores, sino como activos participantes de una acción en
la que lo femenino, como sujeto concreto, se ve afectado.
Luego, a partir de los distintos procesos (fotografía, objetos encontrados,
impresión, video, bordado en colaboración con otras mujeres) expone y
se expone permitiendo al espectador ser guiado a un universo tenue,
diáfano. Lo femenino en la obra de Elvira se expresa en el retrato de seres
que han sido trasgredidos, sometidos, obligados a callar. Exhiben el
misterio sin revelarlo, son espejo de todos nosotros.

Yo soy antes, Yo soy casi, yo soy nunca… es un viaje a través de una obra
llena de contradicciones, afirmando siempre lo femenino. Fortaleza
encarnada en lo etéreo, gestación de lo efímero. Voces que vuelan y se
pierden como hojas de árboles, el tiempo terminará por destruirlas sin
dejar memoria de su existencia. Esas hojas son los testimonios rescatados
por la artista y aprisionados, conservados, homenaje a la delicadeza,
convocatoria a nuevos y diversos lenguajes. Son también páginas en
blanco llenas de poesía, la poesía de Clarice Lispector “Tengo un poco de
miedo: miedo de entregarme porque el próximo instante es lo
desconocido” o “el futuro es mío mientras viva”, cuerpos que se ofrecen
como soporte para enfatizar la fragilidad femenina. Piel tatuada,
pergaminos delicados, contienen la fuerza de la palabra, se manifiestan
instantáneas, es ahí donde el sentido queda en custodia, tal vez solo por
unas horas, ¿para siempre?. Los golpes de una antigua maquina de
escribir marca Remington las tortura, dejándolas marcadas, en esa huella
está la diferencia. Poesía que eleva, sincopada por un golpe que puede
destruir. Palabras que resuenan, danza eterna, forma, sensualidad.
El gozo de ser mujer, un vestido -casa- cuerpo, creado por hojas que
simulan una tela confeccionada de alta costura resaltando la cualidad de
lo femenino en la elaboración textil. Pareciera que puede volar, cuelga de
un gancho, busca un cuerpo que lo habite, gozo estático, de nuevo
ausencia. Simulación. Libertad.

Un Lavadero en el suelo lleno de hojas muertas, se vuelve punto de fuga
para instaurar la vida posible, aún en el desasosiego, a partir de la cruda y
dolorosa experiencia vivida ahí, en ese rincón en el que el deambulan
espíritus lacerados.

Resulta inquietante la serie La Búsqueda, en la que se utilizan
características físicas de víctimas de abuso sexual y se indaga, a través de
internet, hasta convertirlas en imágenes genéricas en las que podemos
reconocernos todos. Espejo doloroso al mismo tiempo que liberador.
La obra de Elvira brinda la oportunidad de reflexionar y contemplar la
sustancia femenina contenida en todos los seres humanos. Más allá de
una queja, lamento o denuncia, es un intento de indagar en lo que somos.
Es un universo con el que debemos comprometernos y ser responsables
de la belleza en sus múltiples lenguajes, transitoria, frágil, efímera, por
tanto dolorosa. La belleza se apodera de un momento para abandonarlo al
instante que sigue, es también eso que dejamos ir de las manos
constantemente aun cuando nos empeñemos en habitar sus residuos. Es
lo mismo que gozar los ecos y el desasosiego que dejan las musas después
de haber creído poseerlas, una vez que confiamos en eso que somos y que
no se explica, Yo soy antes, Yo soy casi, yo soy nunca…

Susan Crowley
Octubre 2017